gema
grupo de estudos do megalitismo alentejano

 
 

Búsqueda de objetos para las palabras

¡Que abuso éste de abandonar el verdadero nombre de las cosas y querer adoptar uno asentado en quimeras y falacias! Quizás pueda parecer una picazón propia al arqueólogo... pero no... es uso general en patanería. Conocimos a alguien que tenía una parcela y se llamaba Perico. Pues bien, cavó entorno a ella una zanja cenagosa y pestilente y a partir de entonces se hizo llamar Don Pedro, señor de la Isla.
Podríamos prescindir de ejemplos de este género pero, así vemos las cosas.
Arte... rupestre... megalítico... atlántico... son palabras de caza o recolección, que para unos serán lazos de los que escapar a galope; otros simplemente verán el cordaje de un cesto mullido.
El señor Calado ha lanzado sus lazos y nosotros hemos decidido hablarles de lo que se considera como primeras representaciones ligadas a las grandes piedras que entorno al Vº milenio sabemos que existen en el noroeste francés. Hemos decidido por lo tanto hablarles de las grandes estelas.
Queremos que toda la grandeza del monumento devenga vergüenza y que ésta se cierna sobre una disciplina que más que fracasar en su búsqueda de explicaciones parece haberse desentendido de la compresión de lo que fue concebido como transmisor más que directo de mensajes y conceptos esenciales.
La arqueología no ha entendido lo que ha podido... ha visto lo que le ha dado la gana.
La historia y el fundamento de este sin sentido es también el de la situación actual de la disciplina.
Para nosotros esas estelas grandes serán los objetos a través de los cuales una comunicación distinta establecida hace más de 6500 años podrá ser estudiada. Su investigación es una investigación simultánea de palabras, objetos, ideas y sentimientos.

En el noroeste francés, la palabra estela nos remite a un objeto arqueológico extraordinario y la designación es unánimemente aceptada. Esto es debido no sólo al uso común del término y a su significado general. Es una denominación introducida por la excepción del objeto, por un descubrimiento y por una teoría, y tal contexto arropa su empleo hasta nuestros días.
Pero estela no es una palabra nueva. Define un monumento conmemorativo que se erige sobre el suelo en forma de lápida, pedestal o cipo.

Si todos los sistemas iconográficos comportan una serie de nociones o ideas, deberíamos aceptar que una losa tallada y erguida participe de un sistema colectivo de comunicación o de expresión, tanto como el panel grabado de inscripciones al que el purista arqueólogo suele restringir el concepto de estela.
Rechazamos este cuestionable reformateo del vocablo, transformación convenida e interesada impuesta por los arqueólogos y no por el lenguaje.
Una estela es una forma única erigida de carácter monumental y su erección deviene un acontecimiento atemporal.
- Su función reposará sobre el pasado de los hombres. La estela funeraria se impone en historiadores y arqueólogos cuando observan una gran pieza de madera sobre una tumba o un túmulo, como es costumbre en los kurganes de Asia central, hábitos, además, ya presentes en los relatos fúnebres de diversos autores de la Antigüedad.
- Su función intervendrá en el presente de los hombres. Y así, la adquisición de prestigio y de autoridad puede obtenerse a través de ritos de paso, a través de ciclos ceremoniales reflejados en una danza, un canto, una gran piedra erecta…
- Y su función pretenderá el futuro de los hombres. La piedra bruta juega su rol de mediador cuando protege y vigila al borde de campo el buen crecimiento del cereal.

Olvidémonos por el momento de lo que es una estela y analicemos lo que hace.

La estela, en tanto que elemento emplazado contribuye a la definición de un espacio. En tanto que elemento exhibido lo hace de manera esencial.
Como elemento, emplazado y exhibido sin precedente próximo, estructura y sostiene un espacio al que, como mínimo, no importa presentar como propio, pero al que cabe pensar que interesa hacer saber como apropiado.
La estela, así entendida, coacciona al usuario del espacio.

Pero también, la estela, así entendida, establece y ejerce de frontera irrefutable entre un mundo real, sensible, y un mundo ideal que accede a todo lo que es imaginable. Su presencia estimula al observador en ambas direcciones.
Así, la estela conjuga el papel de límite y entrada. Así, la estela deviene umbral. Su posición redoblará la definición de umbrales del entorno habitado.
La estela será un ancestro esencial de la comprensión del hombre, un espejo de Alicia que modifica esencialmente las dimensiones, los tiempos y los espacios.
A su través se opera un cambio de escala efectivo y es la propia definición de la representación la que está discerniéndose.
La estela, fundamentalmente, estimula, coacciona... comunica... tanto realidad como idea.
Nos informa sobre un mundo entendido y real tanto como nos advierte de un mundo imaginario que combina la verdad de la historia y imponencia de la razón mítica.
La estela puede hacernos desear... quizás lo pretenda en algún momento de su evolución... pero, antes que nada, en su esencia está inquietar. Su aparición... su imponencia lo que aviva es el recelo y la intranquilidad. El gran eje longitudinal de su erección no es otro que el miedo. No se abre sino a un paraíso al servicio de quiénes la construyen, un paraíso que para el extraño deviene infierno y convierte a la estela en una ambigua región, atroz y maravillosa.

 

Búsqueda de tiempos, lugares y formas para el objeto

En el noroeste francés, las estelas así definidas, se reparten por todo el territorio durante centenas de años y en diferentes soluciones arquitectónicas. Podemos rastrear su fundamento.
Una estela no es una losa. Una estela es una losa que se verticaliza en un determinado entorno. El conjunto es lo que entendemos como un objeto arqueológico aceptable.
Así, al definición del objeto arqueológico deberá contar no sólo con la distinción en el espacio estela (por ej. más grande, más lisa... más grabada) sino también, con la distinción del espacio entorno (condiciones de emplazamiento, de distribución) y con la consecuente distinción del acto de erección (dificultad, transporte, manipulación...)
El resultado de tal distinción implica la amplificación y la representatividad de la comunicación en cuestionamiento. La estela más desarrollada, en la disposición más acentuada, es nuestro objetivo arqueológico. Busquemos la estela umbral, grabada, la que insinúa o infiere un mundo ideal al tiempo que impone un mundo real.

A escala regional, la idea de verticalizar la roca ya existe, incipiente, en las dos losas de un metro de altura hincadas en la cabecera de las sepulturas Ka y Jota excavadas sobre el islote morbihanés de Hoedic, en pleno VI milenio. En general, en Armórica, los testimonios vivaces de la gran antigüedad de las piedras erectas se fundamentan en un afortunado fenómeno natural: la subida del nivel marino ha recubierto oportunamente decenas de menhires.
Desde hace mucho conocemos el segundo hemiciclo de Er Lannic (Morbihan) y las dos grandes estelas de orto-neis en sus dos extremos. Desde principios del siglo XX, en el Finistère, se lleva a cabo un trabajo de cuantificación y deducción relativamente preciso a partir de la posición topográfica de restos megalíticos sumergidos varios metros. La comparación de las curvas marinas durante la trasgresión holocénica permite hoy confirmar que el mar alcanzó los niveles de implantación a comienzos del V milenio.

En el hábitat Villeneuve-St-Germain de Haut Mee (4900-4700 av. J.-C. – ASP/VSG), otra losa trabajada nos permite ceñir la cronología. Recubre una fosa funeraria en el ángulo sur de la casa y su piqueteado de la parte distal podría ser el indicio de una posición erguida.
(fig. 1)
A la dispersión armoricana de la estela base, hemos de añadir, además, la presencia general de la idea en la Europa atlántica de los inicios del V milenio.
Varios ejemplos asturianos o gallegos, portugueses e ingleses, militan en este sentido. El alineamiento mesolítico de enormes troncos descubierto en Stonehenge, o una de las sepulturas mesolíticas de Skateholm en Suecia, marcada con un gran poste de madera, demuestran que estas prácticas de verticalización existen en el oeste de Europa antes de que el mundo de los agricultores desembarque en las costas mediterráneas españolas y francesas.

Pero nuestro objetivo, la estela-umbral, garantía de una comunicación expresa, la estela que incluye representaciones de imágenes, manifiesta una situación bien diferente. Su exposición exige una descomposición arqueográfica de los elementos en cuestión: la estela (forma) y la representación que alberga.
Observemos de manera independiente la distribución de los grabados conocidos y tratemos de aislar los primigenios. El panorama cambiará.

La repartición de los motivos que no aparecen en el IV milenio, el arado, la diosa, el cornudo, la serpiente, la lámina de hacha exenta, el arco, la flecha y el báculo, es casi exclusivamente costera y evidencia la singularidad de la concentración del Morbihan.

Dicho de otro modo, que no serán exhibidos en construcciones posteriores (sepulturas acodadas, galerías sepulcrales, etc.) tanto en el caso de reempleos como en el de nuevos grabados.

Fig. 2

Aquí, varías decenas de losas talladas y grabadas se suman a una extraordinaria densidad de tumbas de corredor pero con una repartición a distinguir. En esta época no existe en Europa una concentración comparable… es única, excepcional.
A pesar de que la mayoría los grabados se hallan fuera de su contexto original, su distribución los liga a una construcción funeraria bien precisa, distinta de la que los acoge y reutiliza con frecuencia.
De la entrada del Golfo a la entrada de Etel un vínculo particular se establece con los túmulos más gigantescos del V milenio.
La distribución del objeto arqueológico que estudiamos parece vincularlo a la costa y a los túmulos, y parece distinguir estos espacios de los otros posibles.
Las estelas grabadas con las representaciones más antiguas parecen tener que ver con el mar y la muerte. Estos umbrales reales e ideales se enfrentan a los mayores cambios posibles, el estado y la animación. Se enfrentan a la falta de tierra y a la falta de vida.

Es éste el momento de tratar de recuperar una situación original en la que la certeza de una comunicación pretendida se haga cargo del objeto arqueológico y lo defina tajantemente.
Caractericemos el entorno en el que la estela se erige, la forma que la define y las figuras que se representan en su superficie. En esta situación fronteriza las circunstancias de la instalación de la estela atestiguan al menos dos extremos, dos posiciones, dos formas que nos remiten a la comunicación prioritaria con un mundo ideal o un mundo real, o que si se quiere, nos señalan un contexto público y abierto de comunicación frente a otro que se llega a entender de una manera enteramente imaginaria.

Imaginaria es la alianza entre una estela y una construcción funeraria, relación que idealiza un trato directo con un ser muerto en un contexto imposible (fig. 3). Así, en la tumba de Manio 2 las figuras se graban sobre la base enterrada de una estela en contacto con el cofre funerario. El grabado... lo que se representa, no es público, no es para los vivos.

Diferente es la estela en la que el tamaño y la posición de la obra, impiden negar su exposición pública netamente consciente, pretendida y potenciada. Ejemplares como el Grand Menhir, de 20 m de altura, sobre una dorsal que apunta a la entrada del golfo, fueron perceptibles a kilómetros de distancia. Figuras de 2 o 3 metros de largo, visibles en falso relieve y en posición elevada, se manifiestan en la superficie de enormes soportes.

La costa morbihanesa la comparten los dos tipos de grabados, los dos tipos de estelas:
- un umbral entre la vida y la muerte, figuras sobre pequeñas estelas orientadas a cadáveres,
- y un umbral entre la tierra y el mar, estelas de varios metros de altura erigidas frente al agua y con sus escenas dirigidas a hombres bien vivos.

Son de estas últimas de las que hablaremos puesto que de la comunicación más manifiesta y real se trata.
En ellas, la distinción en el soporte y el escenario se combinan para caracterizar dicha comunicación; dimensión, forma y materia se combinan para amplificar la exposición de las representaciones. Desde el pequeño extracto de afloramiento verticalizado, a la gran placa prismática que ofrece superficies preparadas de varios metros cuadrados en las que instalar a las figuras. Desde un pequeño bloque de Carnac a la gran estela de Table des Marchand – Gavrinis.
La búsqueda de las mayores formas, las mayores superficies, las mayores exposiciones, y los materiales más excepcionales, confluyen en un paroxismo de la exhibición cuyo sentido equivaldrá en importancia al de la estructura conseguida.
Un mayor tamaño, un mayor panel... su reflejo no ofrece dudas. Más compleja es la valoración el escenario de exposición y la determinación de los enclaves singulares. La combinación de un movimiento hipotético y un orden formal del relieve y sus elementos nos permitía exponer criterios de emplazamiento, en su día referidos a las primeras construcciones tumulares y, por las razones argüidas, aplicable hoy al estudio de las estelas exhibidas. La entrada del golfo la presentábamos entonces como una clave de tránsito que explicaba la concentración de túmulos antiguos (Vaquero Lastres 1999). Como vemos, concentra igualmente un número extraordinario de extraordinarias estelas públicas.

Y sin embargo va a ser la materia la que califique definitivamente nuestra distinción.
Aunque el substrato granítico suministra la piedra a la mayor parte de las estelas de la región, existen excepciones.
Durante el siglo XIX ya se reconoce una fuente común, petrográficamente idéntica, para el Grand Menhir, la Table des Marchand y Gavrinis.
Una roca particular es la materia de estas tres estelas: el orto-neis.
Hoy se conoce bien su origen gracias a la cartografía de los geólogos... un origen distante, a varios kilómetros: las bandas de Roguedas y de la península de Rhuys.
¿Por qué tal complicación? Una primera explicación se impone quizás con demasiada facilidad: ningún afloramiento de granito llamado de Carnac, con demasiadas diaclasas, ofrece la posibilidad de encontrar superficies continuas y bloques descomunales (entre 10 y 20 m). Reiteramos nuestra convicción de que es la razón simbólica la que explica un esfuerzo semejante.

La excepción del tipo y el esfuerzo, en si misma, contribuye a amplificar el carácter de excepcional manifestación de la estela.
Así, entre todas las estelas de granito, se distingue el grupo identificado por el orto-neis.
Este grupo de estelas en orto-neis se dispone en el pasaje entre el Gran y el Pequeño Mar que, para ser exactos, y teniendo en cuenta un  nivel marino aproximadamente 5 metros más bajo que el actual, deberíamos más bien describir como el paso hacia el mar fruto de la reunión de las rías de Auray y Vannes.
(fig. 4).
Su contexto histórico no está tan claro como desearíamos, pero sí existen algunas pistas:
- para empezar, ninguna de estas estelas se conserva en la posición hincada original. Todas han caído o están arqueológicamente en reempleo.
- siete ejemplares se hallan tumbados sobre la tierra o bajos las aguas de la península de Locmariaquer. Algunos como el Grand-Menhir cerca de su fosa de implantación, otros en la costa, sumergiéndose en cada subida de la marea. Una treintena forma la casi totalidad del hemiciclo de Er Lannic, siempre bajo las aguas.
- al menos veintinueve estelas de orto-neis se integraron en la construcción de monumentos funerarios de esta misma zona. La redistribución de losas refleja un proceso largo en tanto que éstas aparecen en tumbas de edades bien diferentes.

A partir de estas relaciones y de detalladas observaciones estratigráficas en el alineamiento del Grand Menhir, es posible concluir que la erección de las estelas de orto-neis es anterior al 4300 a.C., si bien, nosotros sostenemos que cabría situarla ya en la primera mitad del V milenio.

Hasta aquí, hemos construido nuestro objeto arqueológico a través del reconocimiento de la excepción en el entorno y el soporte. La propia presencia de la figura nos permite redondear nuestra definición. Una serie de figuras se representan sobre el conjunto de las estelas, pero dos son la posibilidades de disposición: el mismo motivo puede aparecer sólo sobre al estela o combinándose con otros. De nuevo estableceremos una distinción arqueológica. La presencia de varios motivos bien se interpreta como una combinación que expresa una idea única (sea cual sea el camino para llegar a ella) bien es el fruto de la superposición inconexa (aunque consciente) de figuras con un contenido propio y exclusivo.
No nos interesa el segundo caso... Limitémonos a señalar dos singularidades implícitas: un mayor esfuerzo y un mayor contenido (por acumulación de contenidos o por complejidad de la construcción) En definitiva, una comunicación más manifiesta.

En una situación en la que se conspira contra la naturaleza, una época en la que se remedia al espacio humano, un momento en el que se conjura el asombro... a la entrada del Mar Pequeño son instaladas estelas de peso y talla excepcional, construidas sobre piedra extraña al sustrato, arrastrada a través de kilómetros de corrientes y colinas.
Se erigen sobre una dorsal y se exponen al mar y a las zonas fundamentales para el tránsito humano. Se las exhibe allí donde el mar accede a la tierra.
En la costa morbihanesa se instituye y distingue una comunicación.

Aclaremos cual es esta comunicación.
¿Quién emite ? ¿Quién recibe ? ¿Cual es la relación de los comunicantes ?

De la enormidad de tal exhibición ha sido consciente la arqueología desde un primer momento y así, incluso si el arte se escapa a los protocolos científicos que fortalecen a la arqueología a partir de los anos 50, la interpretación de esta comunicación es un argumento recurrente para justificar y/o probar la idea determinada que algunos sostienen sobre la evolución socioeconómica de la Europa protohistórica, siempre, por supuesto, protegida por el léxico y las categorías, las más aceptadas.
La arqueología establecida reconoce y manipula las siguientes figuras: el hacha (útil o bien de prestigio), el báculo (de autoridad), el arado (herramienta), la divinidad (femenina) y los animales cornudos (domésticos).

Observemos las tres familias de estelas en orto-neis.

Fig. 5

Mane Lud o Pierre Plates ejemplifican las estelas exentas, de naturaleza tubular, con superficies planas ideales, a veces incluso arregladas y erigidas a base de un martillado con percutor de cuarzo, y sin embargo sin grabados.
El Grand Menhir es la mayor de las que albergan una única figura.
Pero son tres las estelas con composiciones.
Las tres en Locmariaquer: Mané Rutual, Bronzo y Table des Marchand.
Especialmente a ellas concierne nuestro análisis.

En el pueblo de Locmariaquer, la losa principal de cubierta de la tumba de corredor de Mané Rutual es una gigantesca estela de la que tres cuartas partes desbordan el plano de la cámara. De hecho, han sido las degradaciones sucesivas del cairn, las que han provocado una situación en la que el propio peso de la placa de orto-neis ha conllevado su fractura. Las fotografías hechas antes de la restauración muestran ya un inmenso grabado en bajo relieve: la famosa divinidad neolítica con una lámina de hacha sobre ella.

Vecina de Mané Rutual, la estela de Bronzo era conocida desde el siglo XIX como ejemplo remarcable de dos fragmentos tumbados en estrecha conexión. Las penosas tribulaciones de los bloques en 1999 nos han permitido reconocer figuras: un gran motivo alargado y cóncavo, y otro más pequeño y detallado superpuesto a una vena natural de cuarzo blanco que atraviesa en diagonal esta cara de la roca.

Una larga lista de observaciones entre 1828 y 1885 determinan el destino poco ordinario de la Table des Marchand.
Fue entonces cuando se reconoce un cuadrúpedo que a veces se interpreta como bóvido. Bastantes años más tarde, los trabajos de restauración de la cámara de Gavrinis permitirán el descubrimiento fortuito de grabados que Le Roux entenderá en 1984 que deben ser conectados con la losa de Locamariaquer. Hoy puede reconocerse una composición que asocia un denominado arado con dos animales cornudos y dos instrumentos (báculo y hacha).
A pesar de la manifiesta divergencia de su base iconográfica, Mane Rutual y Table des Marchand se conforman durante varios decenios con un modelo de interpretación simple e inofensivo, consolidado por Le Rouzic a principios del siglo XX y todavía en uso. Tales símbolos tenían que ser el reflejo de un pueblo de pacíficos agricultores: de un lado la diosa madre de Rutual, y de otro, en la Table, el hacha que ara y que arrastran vacas… allí donde, de hecho, en la estela de cabecera, las espigas de trigo substituían a un montón de insignias demasiado agresivas y mal llamadas… báculos.

Casi un siglo más tarde, la figura escudo sigue interpretándose como la gran divinidad neolítica, contracción extrema de las figuritas femeninas ya esquematizadas en el Neolítico antiguo de Europa central y los Balcanes.
El arado es el apero que los bueyes de Gavrinis conducen sobre los campos, testimoniando la antigüedad de la tracción animal.
Y como colofón, en el mismo orden de ideas, el hacha seguirá siendo la herramienta del agricultor que desbroza, mientras que el báculo se refugia en el rol de distintivo de la divinidad tutelar y corona confusamente este ambiente agreste.
La antigua diosa dejará paso a la sugerencia de un simple molino de heno según estudios recientes de amplia audiencia internacional (Loveday 1999).

En resumen, parece que estamos ante agricultores, bien conocedores de las prácticas de cultivo y domesticación; con un sentimiento religioso compacto y sólido fundamentado en la creencia en una divinidad femenina; bajo una fuerte estructura social protegida por la adoración de quién de todo depende (la madre tierra) y sometida por élites religiosas capaces de convencer a estos aldeanos para elevar semejantes monumentos.
Parece que estamos pues ante una irrefutable paz doméstica, concebible en comunidades de un estable modo de vida y en seguro progreso.
Y para demostrarlo, para manifestar una tal felicidad, se dedican a arrastrar enormes pedazos de piedra, plantarlos frente al mar y dibujar sobre ellos diosas, cacharros y bestias, mezclados, sin orden ni estilo.
Tal inepcia, argumentada, usada, abusada, expuesta por la inmensa mayoría de la arqueología europea, supera la talla de cualquier estela.

 

Búsqueda de imágenes para el objeto

¿Por qué se levanta una estela y se graba sobre ella una composición?... y ¿por qué se hace todo esto junto al mar?
La estela comunica futuro o pasado... advierte o conmemora.
La estela exige una actitud. Coacciona la imagen real o imaginaria de aquel que usa el espacio.
La estela, como frontera, es capaz de fusionar: la conmemoración sólo anula a la advertencia cuando esta última es despreciable o innecesaria.
La estela se nos presenta como un mundo poblado de espíritus animales y cosas, formas todas ellas que sobre los tres casos de Locmariaquer se figuran con estilos y maneras semejantes.

Transformemos las formas.

Primero hagamos de una diosa una guarrada.
¿Una diosa de la fertilidad? ¿una diosa de belleza?... una diosa peluda... La Diosa madre. Aquellos que las representan las hacen enormes... ocupan toda la estela.
Si deriva de una imagen precedente ¿cuál es esa imagen?
Si es una creación referida a una imagen precisa... ¿En que reconocer a la diosa? Si es Diosa ha de ser mujer, todo lo bella o deforme que se quiera, pero su género debe ser explicitado.
La belleza y la pureza de una imagen femenina como referencia al sexo y al espíritu es tan universal como su alternativa: los atributos sexuales.
Que un grabador que consigue realizar vacas y hachas fracase de tal manera en la plasmación de la pura belleza no es aceptable. No es la belleza lo esencial de esta diosa pelona y descomunal.
Los atributos sexuales están siempre presentes en la representación de la feminidad. La exageración de nalgas, vagina y senos son recursos que existen desde las primeras representaciones.

Ni a la mujer ni a la diosa las reconocemos en esta silueta universal e incomoda. La divinidad de la tierra no es sino un pene, representado erecto y frente al observador.

Fig. 6

El miembro sobre la piedra duplica la estela, duplica su intención, duplica su imagen captada intuitivamente desde siempre. Una erección.

Convirtamos ahora un apero paisano en un monstruo.

(fig. 7)
No menos sorprendente es el arado que se nos pretende mostrar en algunas estelas de la región. Ni encontraremos el objeto ni ninguna representación de la que pueda derivar o a la que pueda equipararse.
Su emplazamiento costero, el paralelo de otro motivo en la Península ibérica y un minucioso análisis formal, transformaban hace tres años el instrumento agrícola en una bestia marina: el cachalote (Cassen, Vaquero 2000).

Un cachalote deformado tanto como lo estaba el pene. Su cabeza y su cola ilustran dicha deformación y el estilo común que las pone en evidencia. Una manera de representación que acabamos de ver como ya había singularizado la extremidad del falo.

Y por último, ¡que dos buenas y mansas bestias se hagan dos peligrosos machos salvajes!
Desde su descubrimiento, todos los autores parecen de acuerdo en interpretar los dos cuadrúpedos de Table des Marchand como animales bovinos domésticos.

Esto es cuestionable.
¿Por qué un buen tallista distinguiría los cuernos en un mismo animal?
La extremidad de la cornamenta del animal superior es simétrica y divergente. Su arranque, con la curvatura de una de las astas establece una distinción anatómica y consigue un efecto de perspectiva similar al logrado con la cola del cachalote.
Por el contrario, el animal inferior muestra cuernos absolutamente paralelos que se cierran sobre la cabeza.
Aquí, de lo que se trata es de diferenciar el animal bovino del caprino.
(fig. 8)
Observemos maneras de conseguirlo.
En estos ejemplos, muestra de recursos habituales de representación, la flexión de los cuernos en el animal caprino se dirige sistemáticamente hacía el lomo. El animal bovino jamás presentará un arco semejante.
Se trata de recursos gráficos conocidos. Presentamos aquí ejemplos de figuración de bovinos y caprinos, modelados, pintados, en bajo relieve y grabados… sobre estatuillas de la cultura rumana de Cucuteni, sobre las cerámicas neolíticas egipcias, en Uruk y en paredes de Val Canónica y de Mongolia. En todos ellos la flexión de los cuernos en el caprino estará girado hacia atrás, con cuernos gemelos concéntricos y superpuestos, mientras que en el animal bovino las curvas de los cuernos son simétricas.

Las dos bestias son dos machos. Y si no son salvajes, representan lo salvaje con lo más distinto de su figura: su cornamenta.
Dos cuadrúpedos machos y un cachalote... macho, expreso esta vez en la estela de Kercado.
Sobre las estelas se exhibe la masculinidad y se exagera todo lo que en ella existe de agresivo: el pene erecto, los cuernos del carnero y el toro... y la cabeza y la cola del cachalote.

Para el final dejamos la particular mutación del hacha y el báculo. Particular pues estas cosas son evidentemente eso. Es su carácter y su denominación lo que las va a transformar en virtud de una ambigüedad funcional manifiesta.
En Table des Marchand estas herramientas comparten el espacio. Nuestros predecesores se reparten la tarea de construir un modo de vida agrícola: el hacha desbroza y libera los futuros campos; el báculo deviene una referencia al cayado de pastor.
Y sin embargo, el hacha raja... atraviesa.... Su choque violento y audible calentará el filo y cortará lo atacado. Se trata ante todo de un instrumento sonoro y brutal de un intenso y excepcional poder de acción y expresión.
En este sentido, los ejemplos son innumerables, desde el imaginario popular europeo hasta las más complejas mitologías amerindias.
El hacha provoca el corte y parte; éste es el peligro del que nos advierte su amenaza. Una amenaza que puede expresar el poder de mi arma frente a cualquier agresión exterior.

Este cayado golpea. Es el arma de un cazador forzado a desplazarse... una herramienta ideal. Son muchos los mitos en los que el héroe dispone de un bumerán mágico y poderoso.
Entre los objetos de los grupos de cazadores escandinavos y rusos conocemos verdaderos báculos de madera, entendidos como armas arrojadizas,.
Las escenas de caza de ciervos representadas en varios abrigos levantinos testimonian la existencia de la práctica y el útil durante el VI milenio; una presencia que es también evidente en regiones más distantes:
un buen ejemplo es la famosa persecución de Catal Huyuk... los hombres están armados con arcos y bumeranes.

Más cercano es el ejemplo de los Anasazi del Colorado que cazan el conejo y pequeños mamíferos con un arma arrojadiza que recuerda al bumerán o al báculo. Series figurativas de las actuales regiones desérticas de África también dejan entrever antiguas escenas de caza de conejo al bumerán. En ambos casos es manifiesto su carácter emblemático en la sujeción solemne en el cuadro de actividades rituales difícilmente descifrables, aunque más claras en Estados Unidos gracias al registro de mitos existente desde el siglo XVII. El cambio de estatus del instrumento es visible en el Neolítico de Europa central, donde no podemos dejar de mencionar al hombre sentado con el báculo a la espalda del tell húngaro de Szegvár-Tüzköves. El símbolo en sí, se halla por toda la Europa del V al III milenio, fundamentalmente en contexto funerario.

En cualquier caso, su ambigüedad desaparece y las armas, arrojadizas, golpeadoras o cortantes, se imponen si reconocemos la animación de las figuras.
En efecto, estamos describiendo figuras en acción, que representan al movimiento cuando éste es preciso.
El hacha y el  bumerán expresan el gesto que las hace eficaces como armas, representan el golpe, y lo consiguen inclinando el filo y la maza.
El cachalote ofrece la figura convulsa del cetáceo que salta, se exhibe, traspasa los medios, y también... ataca.
Exhibición y agresividad que sintetiza un pene erecto, la paradoja de un movimiento estático.
Exhibición de combatividad declarada en los cornudos, quietos ante quién deba comprender tal capacidad.

Estas formas en movimiento se combinan ya sin una funcionalidad agrícola forzada, para constituir escenas cuya presencia y orden debe ser interpretado.

En Mané Rutual, el filo del hacha frente a la extremidad del pene. ¿Es la amplificación de un símbolo agresivo o una escena simbólica? ¿Estado o proceso? Difícil de decir sin observar la estela más impresionante del occidente europeo.

En Table des Marchand existe un orden de figuras conocidas y diversas. Un orden que para una obra semejante sería estúpido tratar de descuidado.

Hay dos orientaciones para las actitudes defensiva y ofensiva de los participantes.

Fig. 9

Armas y cuadrúpedos se oponen al salto del cachalote (a).
Los hombres que emplean las armas y los cornudos comparten la tierra como medio (b)
Se enfrentan a aquel que transgrede las aguas y el aire, el mar y el cielo, a aquel ser poderoso representante de la animación de lo más terrorífico e inhumano (c).
Las figuras terrestres están inclinadas frente al medio de donde arranca la sobrecogedora exhibición de la criatura. El mar frente a la tierra, lo inhumano frente al hombre que dirigirá hacia ese mar su capacidad de combate (d).

 

Búsqueda de una situación y un sentido

En la Armórica de comienzos del V milenio conocemos cuatro componentes:

1. Grupos de cazadores cubren un área entre la bahía de St.Brieuc y la desembocadura de la Vilaine, identificados por una industria homogénea en la que resalta una única familia de armaduras de flecha.
2. Otras gentes, en la desembocadura del Loira, serán los ávidos receptores de las corrientes de tradiciones septentrionales y meridionales.
3. Un Neolítico antiguo, llamado oriental, con unidades habitacionales conocidas desde Ile et Vilaine a Anjou.
4. Por último, un Neolítico antiguo llamado meridional, en el que restos fugaces testimonian una llegada escalonada hasta el golfo pointevino.

El primer conjunto no deroga la regla de cambios que han afectado Eurasia, y adopta y adapta una manera de armar las flechas bien visible desde Europa central a España, pero que dinamizan mucho durante el VI milenio los grupos de agricultores y pastores que suben hasta el País Vasco por el valle del Ebro. Bordeando los Pirineos, estas pequeñas unidades llegarán al Centro Oeste francés desde comienzos y durante la primera mitad del V milenio… por la costa y probablemente en varias tentativas.

En este panorama, el Mesolítico final bretón (Teviecien) se distingue ya de su homólogo de la Charente y la Vendée (Retzien), por rehusar el modelo de flechas españolas, del mismo modo que las flechas orientales, masivamente usadas y reinventadas en el sur de Armórica, en el Retzien no pasarán la barrera de las tradiciones más occidentales.

El Neolítico antiguo, oriental, se desplaza a Bretaña hacia el 4900 a.C., reproduciendo un tipo de casa presente de allí a Borgoña, transportando sílex de terrenos sedimentarios normandos, y conservando semillas de trigo que deberán adaptarse a las nuevas tierras ácidas y mucho más húmedas.
Se llega al Atlántico en donde ya existen grandes concentraciones de hábitats de cazadores. A lo largo del camino, muchos componentes del sistema técnico han evolucionado frente a un medio nuevo. Esta rápida adaptación hace difícil el reconocer en el Oeste, signos que son tan identificativos en el Este. La disolución de las normas admitidas complica al análisis del arqueólogo. Además, el conjunto de signos útiles para un diagnóstico se irá contaminando con las tradiciones de los grupos locales, muy receptivos a las nuevas tentaciones.

Pero, ¿quiénes son estos indígenas?
De una parte, numerosos grupos más o menos móviles ocupan el Finistère... de las costas acceden a los relieves interiores a través de múltiples vaguadas, perfectamente informados de los recursos minerales del subsuelo. De otra, en las costas morbihanesas grupos semi sedentarios entierran a sus muertos de un modo que en absoluto hace pensar en un harmonioso comunismo primitivo.

¿Cuáles son sus relaciones? La distribución de brazaletes en Armórica, el número impresionante de especímenes, y la diversidad de las rocas tenaces explotadas son quizás buenos indicios de un proceso de integración regular entre poblaciones distintas con distintos deseos y necesidades.

En resumen, primero desde el Sur, dos empujes sucesivos se harán sentir por la costa, más allá del río Vilaine, durante el VI y el V milenio.
- El primero impone nuevos diseños a las flechas y una nueva manera de penetrar la carne; la solución técnica no implica ningún desplazamiento de población, pero anuncia la presencia de estímulos.
- El segundo empuje es el último reflejo de un movimiento fundamentalmente marítimo; numerosas pruebas en el Mediterráneo occidental nos hablan de una tradición de desplazamiento en barco de hombres y animales hasta las costas lusas.

Pero el empuje se evidencia también desde el Este:
- A principios del V milenio, la agricultura y la domesticación son descubiertos en la Armórica oriental a través de modelos en vigor sobre un vasto territorio. Los granjeros se desplazan pero pierden de tal manera sus maneras ancestrales que, más al Oeste, la arqueología no es capaz de identificarlos ordenadamente. Estamos ante una aclimatación de sociedades con unas nuevas condiciones ecológicas. Tras un período de contactos, en Bretaña hablamos de una aculturación en la primera mitad del V milenio, dicho de otro modo, de un proceso en el que una cultura evolucionará bajo la influencia de otra.

¿Que se representa en una estela?
Un símbolo de acción presente e inmediata.
Un mito, expresión de un pasado imaginario.
Una historia, testimonio de pasado real.
Los tres casos son conocidos, como lo es la conjugación de los tres sentidos.
Aquello que habita la tierra se opone a aquello que viene del mar. Y lo que viene del mar es poderoso e impresionante... y lo que está en la tierra es bien capaz de hacerle frente. Todo esto se representa en un borde… en el límite de la tierra, espacio habitado. Frontera, pero no con la tierra, con un medio, que como el cielo, es imprevisible e incontrolable, el mar, oscuro e inevitable si deviene enemigo.

En estos momentos, es un mar que invade.
Los análisis de los cambios del nivel marino en estas costas coinciden en un hecho significativo: la velocidad de la trasgresión durante el VI y V milenio es mayor e incomparable a la de los dos últimos. Las llanuras costeras, las planicies bajas y limonosas de Carnac acusarán el golpe y presentarán una imagen bien diferente.

Es un mar que empuja.
Una fuerte y eficaz contracorriente costea hacia el norte desde la cordillera cantábrica.
Personas, animales y cosas desconocidas pueden llegar del sur, y desde la superficie o las profundidades presentarse ante un tierra habitada que no les espera.
Y a diferencia de lo que ocurre en la tierra cuyo tránsito es controlable, si son personas, las que llegan, y si son personas no deseadas, su aparición será súbita.
Surgirán de un océano referente no sólo de lo desconocido, sino también de lo más terrible. Amenazada por la posibilidad de irrupción del monstruo o la incursión brutal de su equivalente, el extranjero, la costa durante la Antigüedad será el lugar natural de la violencia inesperada, constituirá el teatro privilegiado del rapto (Corbin 1988).

En el Morbihan, se vivió una situación que refleja la condición de frontera real e imaginaria de la costa. En uno de sus contactos con la tierra, la entrada del golfo, se expresó el temor y se represento el peligro, exhibiendo al tiempo la defensa real y mítica que podía enfrentársele.

Nos queda la piedra de Bronzo.
En su parte inferior se representa un ave.
- sus alas están desplegadas pero curvadas hacia el cuerpo.
- su cola, de silueta triangular, está también abierta.
- la cabeza se representa de perfil con un pico apenas visible, y que desaparece sobre una superficie de grano grueso.
La representación consigue así comunicar el animal en movimiento, volando, pero también nos ofrece evidencias significativas de la especie en cuestión. Entre las aves cuya dinámica es fácilmente observable, sólo la paloma reúne un pico corto sobre una cabeza redonda, unas alas flexionadas durante el vuelo y una cola desplegada en el arranque y la parada.
Pero, ¿por qué se emplaza el pájaro así? No hay duda, la coincidencia es exacta. Se pretende superponerlo al filón de cuarzo que atraviesa la estela. La materia cuarzo se pone en evidencia y no es nada nuevo… Tanto en Bretaña como en diversos lugares de Europa es sabida la vinculación del mineral blanco a un contexto funerario.
Tenemos dos opciones para interpretar la voluntad de esta combinación: el pájaro sigue una ruta o esta preso por una cuerda.
Ambas posibilidades se defienden pero nos inclinamos por la hipótesis de una vía trazada en la roca que va a ser seguida por el ave en ascensión. Para comunicar la idea de un pájaro atado hubiese resultado más sencillo disponerlo al extremo de la veta.
Pensamos en el animal migratorio, como la paloma o la tórtola que remontan cada año el litoral atlántico desde sur en grupos que pueden alcanzar varios centenares. Y pensamos en una dirección superpuesta en el cielo y conocida desde la Antigüedad. En las lenguas turco-tártaras, a la Vía Láctea se la llama en invierno y primavera, cuando su orientación es exacta norte-sur, el camino de los pájaros. Para los finlandeses del Volga, en Estonia, para los lapones, en todas parte donde los cazadores expliquen los fenómenos naturales como fenómenos del espíritu, la Vía Láctea es el sendero de la aves. Para todas las tribus de América del Norte, es el camino de las almas hacia el Más Allá y en su extremo se halla el país de lo muertos. En estas tradiciones la Vía Láctea se aparece como un lugar de paso de origen sobre natural entre los mundos divinos y terrestres, y para tal viaje será usada por almas y pájaros. Simboliza el camino de los peregrinos, de los exploradores, de los místicos… de un lugar a otro de la tierra, de un plano a otro del cosmos, de un nivel a otro de la psique.
Postulamos que es esta Vía Láctea el determinante que hace coincidir un pájaro que se dirige a un apogeo y una veta de cuarzo blanco inscrita en la piedra.

Hemos explicado las estelas de Rutual y la Table como recuerdo y metáfora de un enfrentamiento. ¿Cómo hacer lo mismo con Bronzo?
Parece difícil si partimos de la connotación pacífica y dulce que tiene habitualmente la paloma. ¿Cuál será el paralelo de las representaciones de un animal tan poco agresivo con las del cachalote, paradigma del dragón?
Allí donde el filón desaparece se presenta una enorme y aplastante figura arqueada.
Siguiendo el modelo de Table des Marchand, ¿qué arma podría oponerse aquí al avance del ave meridional?
El bumerán se adapta ahora al caso y al esquema para hacer comprensible y coherente nuestra escena.

Para terminar, una extraña manera de representar las pezuñas del animal caprino alerta al analista. Un detalle anatómico falso que no debe ser entendido como error del escultor. La escena exige un pie humano al animal y la razón es determinante.
(fig. 10)
Tocamos lo sobrenatural. Son muchos los ejemplos de la ambivalencia del concepto de animal compañero y del hombre transformado en bestia. Lo ilustran con exactitud representaciones del continente americano, (Grant 1983) en las que entre un grupo de cabras que brinca sobre sus pezuñas apuntadas, sólo un ejemplar presenta los pies planos de plantígadro o de ser humano.
La excepción figura al hombre en metamorfosis, operador privilegiado de la transformación.
En el cuadro metafórico que cristaliza la piedra de una estela, debemos ser capaces de entender al menos que no se dibuja una cabra doméstica como referente de una naturaleza controlada por el agricultor, sino un mediador eficaz con el que el hombre se funde para aumentar su poder.
Estos poderes delegados al ancestro, al fundador del linaje, al representante del cuerpo social, serán aumentados y asegurados si se amplifica las armas naturales de defensa de un toro o un carnero a través de la exageración de la envergadura de los cuernos de macho.
El escultor no está exagerando aquí ni los cuernos de un cordero ni los de una mansa becerra.

 

Búsqueda de palabras para la imagen

Hemos reconocido una serie de motivos ordenados según una sintaxis al servicio de una concepción religiosa. Estamos ante un mensaje de imágenes codificadas. Un mensaje de doble función, cognitiva y afectiva, donde la importancia no radica tanto en los valores propios a cada motivo como en el sentido creado por su precisa asociación.
Ni el lenguaje ni la estela son la simple imitación de las cosas o las acciones; ambos son representaciones, una única forma de concepción espiritual, la forma del pensamiento metafórico. Pero una representación al nivel de formas sensibles difiere considerablemente de una representación verbal o conceptual… La historia del lenguaje es la historia de un proceso de abreviación. Es verdad que más tarde las palabras serán símbolos para las ideas y sin embargo, las ideas habitarán las figuras, imágenes más o menos precisas de sensaciones que sobrevivirán a quiénes las sufren…

La unicidad del cachalote planta cara a las parejas de cornudos y armas.

Fig. 11

Parejas cruzadas en las que el animal caprino y el hacha se anteponen al cayado y al animal bovino, en posición más elevada y sin embargo secundaria.
Del océano transgresivo surge lo desconocido, el monstruo, el extranjero. Contra él se constituye una coalición que distingue en primera línea al hacha que atruena y el carnero que percute, y dispone otra pareja, ligeramente retrasada, en la que el cayado golpea y el toro perfora.
A través de un nuevo instrumento de acción sobre el mundo, el hacha, y de un nuevo e inaudito animal, el carnero, reconocemos dos puros y deseables elementos introducidos en el comienzo del Neolítico. A través del cayado, del bumerán del cazador, y del aurochs de los bosques de Armórica, comprendemos la referencia a las comunidades de los ancestros indígenas.

Dos componentes que fusionan la realidad de dos mitos, dos pueblos y dos actos bien reales para enfrentarse al monstruo igualmente capaz de representar al mismo tiempo la inexistencia y el no-lugar, la muerte y el océano, y la amenaza demasiado cierta de una progresión de gentes del mar a la búsqueda de nuevas costas. Gentes que provienen del sur, como del sur proviene la paloma migradora. Gentes a los que espera una agresiva alianza y todo lo erecto. Gentes que deberán enfrentarse a lo que les frena y les impide, como a la paloma frena e impide el bumerán que la caza.
De ahora en adelante el universo se constata dividido y clasificado. La humanidad queda sujeta a la historia.

Lo que era dios, res y herramienta, deviene arma y defensa real y mítica. Lo que era calma y recreación, deviene miedo y conflicto. Lo que era paz es ahora violencia, lo que era útil es ahora mágico, lo productivo, destructivo. La historia y el mito, el golpe y la magia, se funden en una conjura contra el miedo en lo que en Europa pudo ser el epicentro de la turbación, el ombligo de la Europa occidental tal y como hoy la conocemos.

 


Bibliografía citada

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Cassen S., Vaquero J., en prensa (2003). Article 3. Construction et deconstruction des surfaces sur les temps. Enregistrement et représentation de stèles gravées. 2001-2002. Le Bronzo, Locmariaquer et Vieux Moulin, Plouharnel (Morbihan). Revue Archéologique De l’Ouest.

Corbin A., 1988. Le Territoire du vide. L’Occident et le désir du rivage 1750-1840. Paris : Ed. Flammarion.

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Victor P.E., Robert-Lamblin J., 1993. La Civilisation du phoque. Légendes, rites et croyances des eskimo d’Ammassalik. Bayonne : Ed. Raymond Chabaud.


Lista de láminas

Fig.1- Habitat VSG/ASP du Haut Mée (Saint-Etienne-en-Cogles, Ille-et-Vilaine) : piedra tumbada sobre fosa alargada (a partir de Cassen et al. 1998)

Fig.2- Inventario de las estelas armoricanas que presentan las principales figuras que no perduran en el IV milenio.

Fig.3- Diferentes tipos de estela en Armórica.

Fig.4- Distribución de estelas en orto-neis, tumbadas o en reempleo en las tumbas del V y IV milenio, a la entrada del golfo de Morbihan (Mané er Hroëck a partir de coll. Laurent 1910)

Fig.5- Representación de tres estelas grabadas en orto-neis de Locmariaquer.

Fig.6- Confrontación de representaciones femeninas y órganos masculinos alrededor de la diosa neolítica armoricana… (a partir de Boticelli (Naissance de Vénus), Picasso (Les Demoiselles d’Avignon), Mellaart 1967, Marcadé 1995, Bailloud 1964)

Fig.7- Unidades gráficas constitutivas del arado (conjunto de créditos y referencias en Cassen, Vaquero 2000).

Fig.8- Confrontación de representaciones de cornamentas de animales bovinos y caprinos en diferentes culturas alejadas en tiempo y espacio (a partir de Jacobson et al. 2001, Vialou 1996, Brunod 1997, Petri 1920,  Pavlú, Zápotocká 1978, Müller-Karpe 1968 et http://www.inapg.inra.fr/dsa/especes/bovins/bearnais.htm para las imágenes de vacas, y http://www.suffolkcc.gov.uk/e-and-t/archaeology/finds/auroch4.html para las imágenes de aurochs ; http://www.montagne-photos.com/faunebouquetins.htm para las imágenes de íbices. Cerámica de Bylany (Museo de Kutná Hora). Carnero de Jersey d’après H. Stuart-Williams en el Jersey Museums Service.

Fig.9- Estela de Table des Marchand/Gavrinis : distinción de superficies en la escena representada.

Fig.10- La forma de las pezuñas del animal caprino en la Table des Marchand ; correspondencias en el mundo de lo sobre natural (a partir de F’Murr 1983, Victor et Robert-Lamblin 1993).

Fig.11- Estela de Table des Marchand/Gavrinis : distinción de los componentes y su relación en la escena representada.